Ayer era la "cena familiar" de casa. El trato consistía en ir a un restaurante los cuatro juntos a cenar (normalmente no hacemos este tipo de cosas) comer y darnos los regalos del amigo invisible. La cita era a las 10 en un bar de Lavapies al que solemos ir siempre.

En la última clase, con los adultos, comento la ilusión que me hace ir. -Voy a llegar un poco tarde pero me esperan- digo orgullosa cerrando la academia. A las 10 menos 15.

No puede ser.
He dejado las llaves en casa.
Tengo que dejar la academia abierta.
No puede pasarme esto a mi.

Voy a toda prisa a Lavapies. Encuentro a mis compañeros, y le pido las llaves a D. Estoy preocupada, no sé si me las he dejado en casa o las he perdido. Dios quiera que no las haya extraviado.

Una llave de las que cierra la academia cuesta 20 euros.
Tengo dos llaves del mismo tipo.
Que tu jefe pierda la confianza en ti no tiene precio.

Decido volver a Villaverde, a costa de comenzar mal la noche. A cerrar apropiadamente. No podría estar tranquila si no lo hago. Prefiero invertir una hora a no descansar toda la noche.

El tren se me hace interminable. No puedo leer, no puedo más que mirar la hora. Me llaman mis compañeros varias veces. -Cuando llegarás?- Me pregunta R.- No lo sé- contesto- quizás en 40 minutos -Pues vas a llegar para los postres, sorry- me dice riendo jocosamente. Sabe que me jode.

Leo el horoscopo -Las actividades de hoy te resultarán estimulantes, y dedicarás toda tu energía a ellas- Maldito augurio! Deja de leer chorradas estúpidas!

-You´ll never walk alone-. Llevo escrito en mi mano. Es un himno de un equipo de futbol inglés. Un niño de la academia quiere que le ayude a traducirla. Le he dicho que la traeré el próximo jueves. Me resulta tristemente paradójico. No puedo evitar sentirme desgraciada por un montón de cosas últimamente, aunque no haya realmente causas. Aunque no dependan de mi las cosas. Aunque todo esté bien por lo que parece.

You´ll never walk alone. Las palabras me martillean en mi mente.

Calculo que el tren tardará unos 8 o 9 minutos en pasar de nuevo. Bajo corriendo y cierro la academia. Pero me toca esperar casi 20 minutos. No contaba con la poca frecuencia de los trenes.

Finalmente consigo llegar al restaurante.

-Es la anécdota de la noche, tonta, no te enfades- Dice D. cariñosamente y me abraza.

-Esta ha sido una histórica tuya, te la voy a estar recordando toda la vida- dice R. para variar.

La velada comienza estupendamente, casi dos horas después de lo acordado. Bebemos como cosacos, y nos damos los regalos. Mi regalo es un libro, una calculadora (todavia no sé muy bien para qué, cosas de R.) y profeticamente un llavero -¡Para que no olvides las llaves, Daimiel!- Todos hemos comprado un libro en la misma libreria.
Sin embargo ésta acaba como en las buenas familias, degenerando en su versión más hard. Todos sacando trapos sucios y discutiendo como energúmenos. Me voy a mi habitación llorando a lágrima viva. En realidad no sé tanto si se debe a lo que hablamos o a la grandisima ingesta de alcohol que hemos bebido. Lo último que recuerdo es abrir la botella de cava de la cesta de navidad de D.

No sé si dije algo mal. O quizás sí que lo sepa. A veces hago juicios equivocados. No soy consciente del poder de hacer daño que tengo con mis palabras. Quizás porque no soy consciente de que puedan valer algo. De que a alguien pueda afectar lo que digo. O cómo lo digo. De alguna manera parece que para lo único que valen últimamente es para herir los sentimientos de las personas cercanas. Un dolor me sobrecoge el pecho. No es extraño ultimamente.

Son las 4 de la mañana o algo así. Tampoco estoy muy segura.

Me levanto como si de un milagro se tratase a las 8.
El despertador habrá estado sonando desde las 7.15 pero yo no lo he escuchado. En el autobus vuelvo a releer mi mano. You´ll never walk alone- ¡Maldita insolencia! Me escupo energeticamente en la mano y empiezo a restregar la saliva en un intento de borrar la tinta. Noto el desprecio de la mujer de al lado en su gesto, intercambiamos miradas fugaces -Perfectamente maquillada y perfumada, vestida impecablemente. Quizás de mi misma edad. Yo huelo a alcohol y ni me he lavado la cara. -¿y que pasa? ¿Alguna vez no has andado sola en la vida? ¿O siempre has estado tan obnibulada como para no darte cuenta? Maldita sea, zorra de mierda, Deja de juzgarme!

Me da tiempo a coger un café de la máquina y volcar mi cara en el surtidor de agua fria de la sala de profesores. No es la primera vez que lo hago. Sé que no va a ser la última. Con el pelo chorreando y un frio glacial por dentro y por fuera voy a clase- mis niños se esconden para darme una sorpresa y salen todos juntos. No puedo evitar que se me humedezcan los ojos- Hoy vamos a jugar, chicos. sois los mejores-. Les abrazo. Que triste es reconocer que los momentos más gratificantes de los últimos días se han dado en el contexto laboral.

You´ll never walk alone. Las palabras repiquetean en mi mente. Tarareo una canción para contrarrestar su efecto. -I´m walking on sunshine whoooo!! and now i feel good! Suena mejor.

Presiento unas navidades sordidas. Me da igual. Quizás mejor no presentir nada, ni sentir, ni postsentir. Asi mucho mejor.

Vuelvo a casa. R. está durmiendo en el sofá a pierna suelta. Tenía que entrar a currar a las 9. Son las 10 y 20. El salón parece el desembarco de Normandia. D. también se levanta -Menuda resaca- masculla. No contesto. -¿No me ibas a llamar joder?- Dice R. En su tono no hay rastro de resentimiento. Parece que no soy yo la única que tiene lagunas en la mente. Parece que todo está en orden.

Me vuelvo a mirar la mano- En lo que eran los rastros de esas palabras insolentes he vuelto a escribir -Partículas- Para recordar llevar un libro mañana a la actriz al colegio.

Quizás todo esto sea simplemente esto. Lo que escribo ahora. Lo que vivo. Partículas de mi existencia. Que a veces serán mejores y otras peores. Elementales en todo caso para mi y nadie más. Que irán marcando mi destino, escribiendo mi historia. La mia y de nadie. En todo caso I´ll always walk alone- Sé que es asi. No me da miedo. Vuelvo a estar bien, siento el coraje. La fuerza que brota siempre de no sé donde. Como dice un amigo -Ya no temo a las ruinas-

-Im walking on sunshine...whoooo!